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LoQueNoCierra
Un pensamiento incómodo para habitar lo incierto
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9 mayo, 2025

Lo que controlás y lo que te controla

Hay un instante preciso en el que todo se activa: una frase que duele, un gesto que hiere, un impulso que empuja desde adentro.
Y sin embargo, no respondés. Te contenés. Respirás.
Pensás que lograste algo: te dominaste.
Pero ¿qué pasó ahí realmente? ¿Quién actuó? ¿Quién eligió? ¿Qué se reprimió, qué se salvó, qué se perdió?

La cultura contemporánea —cansada de obedecer a otros— ha hecho del autocontrol su nueva bandera. El dominio de uno mismo es ahora virtud moral, garantía de libertad, signo de madurez. Ryan Holiday, lector moderno del estoicismo, lo dice sin rodeos: no somos lo que sentimos, somos lo que hacemos con eso. La emoción es inevitable, pero la acción es decisión. No se trata de eliminar el deseo, sino de gobernarlo. Frenar el impulso no es negarse, sino afirmarse con más claridad.

Dominarse —diría Holiday— no es reprimir, sino elegir.
No es ceder al miedo, sino construir el carácter que puede resistirlo.

Desde ahí, el sujeto aparece como soberano: dueño de sí mismo, arquitecto de su respuesta, libre para decidir quién quiere ser.
Pero Lacan se asomaría a esa escena y diría algo incómodo:
no hay yo que decida con tanta transparencia.

Lo que creemos controlar, muchas veces ya nos habita antes de que podamos pensarlo.
El sujeto que dice “yo me contuve” no es un sujeto libre, sino un efecto: el resultado de un juego de significantes, de mandatos, de culpas, de historias que no reconoce como propias.
El yo que Holiday entrena —disciplinado, racional, firme— es, para Lacan, una construcción imaginaria. Una ficción útil, sí. Pero ficción al fin.
Y todo lo que se reprime, vuelve.
No se pierde: se disfraza.
No se domina: se desplaza.

La pregunta, entonces, no es si uno puede controlarse.
Sino quién es ese uno.
¿Quién actúa cuando creemos elegir?
¿Quién calla cuando decimos que preferimos el silencio?

Holiday propone herramientas: escribir, meditar, planificar, anticipar.
Lacan propone escucha: dejar que el deseo se diga, aun si incomoda.
Uno ordena. El otro interrumpe.
Uno da forma. El otro abre fisura.
Pero ambos, desde lugares opuestos, responden a lo mismo:
hay algo en nosotros que no se deja gobernar tan fácil.

Tal vez, entonces, la libertad no esté en dominar el caos, ni en obedecerlo, sino en reconocer que el control absoluto es un fantasma, y que la verdad de lo que somos no está en la respuesta contenida, sino en la pregunta que nos sacude cuando todo arde adentro.

Lo que controlás no siempre es tuyo.
Y lo que te controla no siempre quiere destruirte.
A veces, solo quiere decir algo que no te animás a escuchar.

en dialogo
holiday, lacan
Vasco Chorroarin

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